Esto se arregla endureciendo las penas…o no

Algo tengo yo con la Justicia Restaurativa o algo tiene ella conmigo, que cada vez que nos cruzamos saltan chispas.

Me toca en alguna tecla que debo de tener suelta y se me queda siempre un tiempo agarrada.

Y así estoy desde hace una semana, haciendo la digestión de lo que ha supuesto el Symposio del Foro europeo de Justicia Restaurativa que se ha celebrado los días 5 y 6 de junio en la Universidad de Deusto.

Y, de manera especial, del poso que me ha dejado la obra de el teatro “La mirada del otro” de la compañía Proyecto 432, con la que se cerraba el programa del día 5.

Y eso que estuve dudando si quedarme.

No se me ocurre una manera mejor de destilar todo lo que se ha hablado, debatido y teorizado en las ponencias, talleres…

Las artes y, de manera particular, el teatro, acercan el conocimiento por canales a los que estamos menos acostumbradas, abren otros puertos de entrada que van menos al cerebro y apuntan más directamente al alma.

Como decia Gema Varona, la conductora del diálogo tras la obra, teatro y Justicia restaurativa están más cerca de lo que pudiera parecer. Los dos ofrecen canales de expresión y de diálogo,de los que está tan necesitada nuestra sociedad, remueven emociones, despiertan mentes y conciencias, visibilizan lo invisibilizado…son trabajos artesanales, transformadores,hechos con mimo, que permiten suspender el tiempo:traen el pasado al presente para poder construir futuro.

No desvelo nada si cuento que el argumento se centra en los encuentros restaurativos que tuvieron lugar hace casi una década en la prisión de Nánclares de Oca entre presos disidentes de ETA y víctimas de terrorismo, iniciados por la mediadora Esther Pascual y que, en concreto, recrea con extractos de conversaciones reales, el encuentro entre un preso y la hija de una de sus víctimas.
No desvelo nada, porque la obra es un viaje personal que hay que hacer para descubrir a dónde le lleva a cada uno.
El viaje interior de alguien que pide una segunda oportunidad y de alguien que está dispuesta a dársela.

Hacen falta dos personas muy valientes capaces de verse por encima de los hechos, de los prejuicios, de los miedos, de las opiniones de los demás…

Hay que ser muy valiente para sentarse delante de la persona que ha matado a tu padre.Y se necesitan toneladas de valentía para pedir sentarte delante de la persona a la que le has dejado sin padre.A pecho descubierto.Y sostener esa mirada.Y estar dispuesto a acoger todo ese dolor, todo ese daño.

Y, lo que es aún más difícil, no dejarse aplastar por él, no hundirse tras la culpa o los remordimientos, ni tras la rabia o la venganza, sino dar un paso adelante y usarlo para transformarlo en algo grande, en algo sanador para las dos partes.
En mi caso, el viaje interior del victimario se me ha quedado dando vueltas. ¿Qué se tiene que mover por dentro para pasar de escudarse en una ideología y esconderse detrás de una organización a desvincularse de ella y pedir encontrarse con las familias de sus víctimas? En la obra el victimario habla de una grieta que se va abriendo delante de él y que se va haciendo cada vez más grande, hasta que no le queda más remedio que mirarla de frente, dejar caer las vendas y atreverse a atravesarla para encontrarse de frente con que la única manera de cerrar su herida es ayudar a cerrar la de sus víctimas.
“La mirada del otro” emociona hasta las lágrimas.Lágrimas que salen de un lugar muy adentro, del que nos conecta con la esencia de lo que nos hace auténticamente humanos.Es una llamada a hacernos conscientes del potencial asombroso que hay en todas las personas, capaces de lo peor y de lo mejor al mismo tiempo, capaces de transformar lo más bajo, elevarlo, trascenderlo y rehacer con ello algo bueno, bello y grande.
La Justicia restaurativa propicia el espacio para que se dé esa alquimia milagrosa.
Es desde lo mejor de las personas desde donde se producen los encuentros restaurativos:desde la capacidad de perdonar y de pedir perdón, de la necesidad de empatía de reparación y de responsabilización.
Cuando, en ocasiones oigo que la Mediación y la Justicia restaurativa sirven para descargar a los juzgados de los asuntos menores o de poca trascendencia jurídica, no puedo dejar de pensar en lo poco que se conoce su verdadera capacidad.
La potencia de la Justicia Restaurativa y sus efectos en la convivencia y paz social se hacen visibles, precisamente, en los delitos que más herida social causan.Ahí es,precisamente, donde es más necesario que nunca el diálogo para reparar y cicatrizar tanto daño.
Oímos muy a menudo frases que afirman que frente a la delincuencia la solución pasa por endurecer las penas y que los autores no salgan nunca de la cárcel…

Nos las decimos y son legítimas y comprensibles.Salen de la rabia, de las tripas…nacen directamente del dolor, de lo peor de nosotros mismos que aflora cuando nos duelen las entrañas, cuando la herida está sangrando y no hay nada que la pare.Pero¿ a dónde nos lleva ese viaje?¿a quién le ayuda, realmente?El odio genera odio.No ofrece la paz que promete.
A veces dudamos de que siga vivo lo que nos hace humanos cuando se cometen delitos de sangre.Nos cuesta ver que la humanidad sigue ahí escondida debajo de capas de deshumanización.Hace falta desconectarse de la emocionalidad, de la empatía…para dañar a otra persona.Sólo se pueden hacer disociándose de quienes somos en realidad.Pero, desconectarse no es lo mismo que hacer desaparecer.Caundo se atraviesan todas las capas, cuando la realidad hace que nos enfrentemos en el espejo del alma a quiénes somos y lo que hemos hecho, las mentiras se caen, los argumentos se caen y volvemos a encontrar la humanidad que siempre había estado ahí.
Conectar con ella y recuperarla es el ejercicio más transformador y con mayor impacto en la convivencia social ¿ o de qué es de lo que hablamos, si no, cuando hablamos de resocialización?
El victimario de la historia empezó a acudir a las conmemoraciones de la muerte de la víctima, por extraño que nos pueda parecer, de la mano de su viuda.Se dedicó a impartir talleres a jóvenes para evitar los peligros de caer en bandas armadas.

¿Alguien conoce alguna medida más efectiva de resocialización y reducción de la reincidencia?
Se necesita mucho tiempo(14 años les llevó a la verdadera víctima y al auténtico victimario de la obra),mucha valentía para no aferrarse al falso consuelo de la venganza y mucha entereza para estar en disposición de enfrentarse cara a cara con los fantasmas y darle una oportunidad a la reconciliación y a la reparación.

No siempre se puede. No siempre se llega.

Pero, ejemplos como éste demuestran que es posible y que, cuando pasa, el efecto que tiene es sanador y precioso.

La onda expansiva de los destrozos que ocasiona el delito es enorme.Pero,en contrapartida, y aunque no pueda borrarlos, la onda expansiva de los efectos de la sanación no es menor.

A mí me alcanzó el otro día en el teatro de la Alhóndiga y seguro que no fui la única.Quién sabe a dónde nos llevará a cada una de las que compartimos patio de butacas.
Como profesional de la Mediación, como víctima y victimaria que he sido y soy, como persona unida a todas las demás en la misma humanidad, no se me ocurre una manera más bonita que colaborar con mi profesión a restaurar heridas, al arte de acompañar y propiciar sin entorpecer, espacios en los que las personas se puedan encontrar sin máscaras ni etiquetas, que puedan superar su dolor y convertirlo en algo grande.
Escribo esto como una necesidad de aclararme a mí misma y expresar todo lo que se me movió por dentro el otro día, sabiendo que es un tema delicado y que no sonará igual en todas las personas.Me encantaría escuchar y recibir todas las opiniones que puedan surgir y poder dialogar sobre ello.
Si tenéis ocasión, os recomiendo no perderos la obra e ir preparadas para la tormenta emocional que vai s a vivir.

Acabo un una frase que ambos repetían en la obra: “porque el amor lo puede todo”