Reflejos!

De las caídas se aprende, dicen. El otro día estuve a punto de caerme y, aunque, al final, me libré, también aprendí.Tuve uno de esos resbalones tontos en los que pierdes el equilibrio y te ves a ti misma a cámara lenta retorciéndote y haciendo maniobras hasta conseguir, no se sabe cómo, recomponerte sin dar con la cara en el suelo.
¡Qué buenos reflejos!” me dijo la persona con la que iba (porque estas cosas sólo pasan si hay ocasión de que alguien pueda presenciar tu ridículo)“No, no, qué va!“-contesté automáticamente-“Yo tengo muy malos reflejos”
La rapidez y contundencia de mi respuesta me hizo pararme a pensar de dónde había sacado una creencia tan arraigada y llegué a la conclusión de que era un mensaje que había aprendido desde niña. Recuerdo jugar a apartar las manos y acabar con las palmas rojas!”Es que no tienes buenos reflejos” era la explicación.

Y con esa idea he crecido hasta hoy:Yo no tengo buenos reflejos.Y punto.

Somos lo que creemos.Y creemos lo que nos decimos, porque a mí, como siempre he creído que tengo malos reflejos, jamás se me ha ocurrido apuntarme a patinaje, ni a hockey, ni a nada que exija una reacción rápida.
Y, al mismo tiempo, somos mucho más de lo que creemos, pero, no podemos serlo hasta que no nos lo creemos. Qué juego de palabras!
De esta pseudocaída me quedo con dos notas mentales:
1)Una personal:Mucho cuidado a la hora de estar con las niñas y niños! Recordarme a mí misma estar atenta cuando me pille etiquetando(cómo nos gusta!)y encajando a mis hijas y a otras niñas en envases sellados con etiquetas inamovibles de los que a veces les es difícil salir(a los niños!que están en proceso de crecimiento y cambian a cada rato!) y permitirles sorprenderme, experimentar, ser, probar…y cambiar las veces que necesiten.
2) Y otra, profesional: Las personas que vienen a los procesos de Mediación vienen envasadas con etiquetas:”el otro es un…”,”yo siempre…”, “tú nunca…” yo soy dialogante, pero la otra no...” que en esos momentos de conflicto no les dejan encontrarse, ni evolucionar, ni verse más allá de la pegatina.

Y las personas mediadoras, a las que nos correponde ayudarles, desde el respeto profundo, a encontrar otro marco desde el que mirarse y mirar su historia, también tenemos que estar atentas para no comprar esas etiquetas o para no colocarles las nuestras, mucho más “profesionales”, pero, incluso, más peligrosas.
Así que, repasando, me doy cuenta de que he tenido muchos patinazos como el del otro día(y peores)pero, también es cierto que suelo conseguir mantener el equilibrio(que no la dignidad) y no caerme, así que, a lo mejor puede que no tenga tan malos reflejos, después de todo.Ahí lo dejo.
Así que, nos toca estar atentas porque a la mínima sacamos la pegatina y la colgamos de la frente del primero que pase o de nosotras mismas.
Yo me voy a ver si quedan plazas para apuntarme a patinaje!